¿Quién resguarda Tucabaca?

 

El cuidado de un área protegida articula muchos elementos y personajes, los guardaparques son parte del grupo protagónico. A continuación te presentemos la historia uno de ellos.

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Por: Carla Pinto Herrera

Son las cinco y cuarto de la mañana de un viernes 13 de marzo y en la plaza de Santiago de Chiquitos, un grupo de turistas aguarda ansiosamente el transporte para aventurarse al lugar que tiene una de las vistas más emblemáticas desde la serranía de este pueblo chiquitano, la del Valle de Tucabaca. En la penumbra de la madrugada, todos los presentes saben que deben darse prisa, el mar verde de miles de hectáreas de valle, se revestirá de diferentes tonalidades celestiales y el maravilloso espectáculo no los esperará.

“He venido muchas veces, pero siempre quiero volver a ver el valle”, comparte una de las mujeres que está lista para adentrarse a las entrañas de los senderos abrazados por los árboles. La joya de biodiversidad y gran fuente de agua de la denominada Antesala del Cielo es apreciada por muchos; tristemente, su exuberante riqueza y gran extensión también puede jugarle en contra, haciéndola vulnerable a muchas presiones y amenazas.

Durante sus casi veinte años de edad, la Reserva Municipal de Vida Silvestre Tucabaca ha luchado por mantenerse fuerte apoyándose en sus defensores. Hoy en día, esta fracción del Bosque Seco Chiquitano que responde tanto a la figura de Unidad de Conservación de Patrimonio Natural Departamental como a la de Área Protegida Municipal, es responsabilidad de la Dirección de Conservación del Patrimonio Natural (DICOPAN) en coordinación con el municipio de Roboré. Sin embargo, los ojos vigilantes, responsables de su resguardo diario, son los de un equipo de doce guardianes, del cual Folker Taceó es parte.

Luego de estudiar Agronomía, volvió a vacacionar a su pueblo (Santiago de Chiquitos), donde se le presentó la oportunidad de hacerse cargo de un vivero de especies nativas; este sería el vestíbulo de una larga historia que tendría sus inicios un año más tarde, cuando se postuló para ser promotor ambiental del área y fue seleccionado para el trabajo. Dos años después, el 2006, cuando la zona fue reconocida como reserva departamental, Folker fue contratado como uno de los primeros guardaparques de Tucabaca.

“Lo hago por convicción, porque me gusta hacerlo. Muchas veces hasta lo he hecho sin percibir sueldo” indica Folker, quien ya lleva 16 años de servicio en la protección de esta zona. El oriundo de Santiago conocía los alrededores de su hogar, pero el 2004, cuando empezó su travesía con el área, conoció Tucabaca a profundidad y entendió el valor real de la conservación y protección de este refugio de vida silvestre.

Folker Enrique Taceó Frías forma parte del equipo del Área Protegida Tucabaca desde el 2004./Foto: Carla Pinto

A través de los años, la afluencia de visitantes ha crecido en la zona, a pesar de ello, Folker menciona que muchos no comprenden el valor del área, ni el trabajo de un guardaparque. “Mucha gente viene a sacarse una foto allá arriba nomás y no le toman el sentido de porqué, ni cuál es el trabajo que realizamos.”, señala.

Pero, entonces, ¿cuál es la labor de los guardaparques? ¿De qué deben proteger a Tucabaca?

Minería, piratería de madera, turismo irresponsable, cacería, narcotráfico, avasallamientos y asentamientos ilegales están en la lista de Folker. Las anécdotas no le faltan y en su mente salta una para escenificar un momento que recuerda vívidamente.

— Oye Folker, te voy a indicar el camino, pero no vas a decir que fui yo.  Fue el pedido de una persona para darle la ubicación de un grupo que, sin ningún permiso, se estaba entrando al área el año 2006.

—¿Sabés qué? Prestame un pantalón camuflado y tu escopeta, para que piensen que soy un cazador y pase desapercibido entre la gente. — resolvió Folker esa tarde de septiembre.

Sabía que para tener la posibilidad de tomar fotografías y obtener información para hacer una denuncia formal de los asentamientos ilegales a unos 13 kilómetros del puente del Río Tucabaca (zona núcleo del área), tendría que aparentar ser un campesino-cazador; confiesa que dudaba mucho del éxito de su misión si se iba de uniforme de guardaparque.

No tenía GPS en esos tiempos para registrar la coordenada exacta del lugar, así que, ayudado por su cámara Olympus, tomaba fotos al descuido para recabar la evidencia necesaria. Sentó la denuncia días más tarde, pero fue finalmente el 2009 cuando se retiró definitivamente a la comunidad que ya se había establecido con chacos y hasta casas de madera de dos pisos.

Doce años han pasado desde esa experiencia y los asentamientos humanos siguen siendo una de las amenazas. Las señales para detectar actividad ilegal pueden derivar de diferentes fuentes, de denuncias presentadas por centinelas ambientales de las comunidades que dan aviso cuando ven algún tipo de anormalidad; o por rastros o caminos nuevos en medio del bosque, detectados por los guardaparques durante sus controles rutinarios.

Además de estar atentos y realizar diferentes tipos de patrullajes, también deben mantener los límites y senderos, y monitorear el estado de la fauna, flora y recursos hídricos del área; en esta precisa labor es que se topan con otra de las amenazas, las “marcas en los árboles” hechas por los piratas de la madera. Cabe aclarar que no todos los árboles son valiosos ante los ojos de los madereros; en esta zona, existe un interés especial por la madera del morado, “uno pasa por un brutal roble o tajibo y no ve ni una seña, pero uno ve un morado, aunque sea chiquitito y le encuentra su señita”, explica Folker para referirse a cómo se da la selección de madera en el bosque por parte de los madereros.

Más allá de la habilidad que deben desarrollar para convertirse en una especie de radar humano ante las sensibilidades y peligros del bosque, las tareas de los guardianes se extienden también a ser educadores ambientales en los colegios y guías para los turistas que deciden estar en contacto con la naturaleza. En total son 23 las funciones del guardaparque, reflejadas en el reglamento interno del cuerpo de protección del Sistema Departamental de Áreas Protegidas de Santa Cruz, abriendo un amplio abanico de responsabilidades que demanda un alto compromiso ético y conocimiento integral de la realidad de su espacio de conservación.

En este sentido, parte del trabajo de mantener a un área protegida saludable viene del fortalecimiento y capacitación de su cuerpo de protección. “Los guardaparques son la esencia de nuestras áreas protegidas, porque son los únicos guardianes reales de nuestras fuentes de vida”, señala Rosa Leny Cuéllar, coordinadora general del proyecto ECCOS, del cual Folker y otros dos guardaparques de Tucabaca forman parte.

Desde su puesta en marcha el 2018, este proyecto busca desarrollar una mayor capacidad estratégica, técnica y operativa para la administración de las Áreas Protegidas, por consiguiente, ha estipulado capacitaciones en manejo de herramientas de Sistema de Información Geográfica y aplicaciones móviles para monitoreo espacial del territorio, otorgadas a guardaparques y técnicos. “Son cositas que antes uno qué se iba a imaginar, yo antes paraba con mi mapita”, indica Folker al hablar de las ventajas de la tecnología y sus aplicaciones a la hora de realizar su trabajo.

Sin lugar a duda, el cuidado de un área protegida articula muchos elementos y personajes, los guardaparques son parte del grupo protagónico. Finalmente, a pesar de los riesgos y desafíos a los cuales se enfrentan al desarrollar su labor, Folker, uno de los guardianes más veteranos de Tucabaca, afirma que se siente seguro en el campo y que vive feliz siendo guardaparque en Santiago de Chiquitos.

El Área Protegida Tucabaca tiene 262.305 hectáreas y es un enorme reservorio de agua y vida silvestre./Foto: Carla Pinto

23 de abril, 2020