Los llamados a defender Quitunuquiña durante la prueba de fuego

A tan solo 10 kilómetros de la carretera Bioceánica y a 46 de la ciudad de Roboré, la comunidad Quitunuquiña alberga en su memoria historias teñidas de valentía y melancolía. Esta tierra cuyo potencial se centra en la producción del limón y resguarda a muchos de sus habitantes en viviendas de motacú todavía, no pudo escaparse de los incendios que arrasaron millones de hectáreas en la Chiquitanía el 2019.
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A tan solo 10 kilómetros de la carretera Bioceánica y a 46 de la ciudad de Roboré, la comunidad Quitunuquiña alberga en su memoria historias teñidas de valentía y melancolía. Esta tierra cuyo potencial se centra en la producción del limón y resguarda a muchos de sus habitantes en viviendas de motacú todavía, no pudo escaparse de los incendios que arrasaron millones de hectáreas en la Chiquitanía el 2019.
Muchos se unieron al clamor de ayuda durante esos días, pero ¿cómo respondió la gente local ante esos críticos momentos?
Estaba en una de sus visitas rutinarias de abastecimiento de víveres en la ciudad de Roboré, cuando Alcides Poiquí Lesoro (48), presidente de la comunidad de Quitunuquiña, recibió la llamada que cambiaría completamente el rumbo de su día y el quehacer de sus jornadas venideras. El fuego se estaba entrando a la comunidad por el lado de la carretera, y parecía no tener clemencia, ya que se había dado modos para avanzar un kilómetro. La noticia lo había tomado por sorpresa, sin embargo, no dejó que lo paralice y contactó de inmediato a los que sabía que estaban listos para salir en defensa de su comunidad.
 
Orivaldo Parabá, Nelson Surubí, Leandro Parabá, Gregorio Pérez y Miguel Ceratae fueron sus aliados para combatir las llamas que acechaban las afueras de sus hogares. Estos seis hombres de la comunidad, cuyo nombre en chiquitano significa Tierra Colorada, pondrían en práctica todo lo que habían visto y aprendido durante sus capacitaciones como bomberos comunales de primera respuesta a los incendios..

Una vez dado el aviso de que el fuego se avecinaba, no perdieron el tiempo, juntaron el equipamiento necesario y los seis se fueron a enfrentar lo desconocido. Mientras que, las 33 familias permanentes del lugar se darían cuenta que los trajes de amarillo rechinante no eran disfraces para lucirse, sino vestimentas de trabajo y quienes las portaban, deberían ser los primeros en actuar en pro de la seguridad de todos.

“Personas que tengan ganas de trabajar, que tengan ganas de aprender” son los requisitos que Poiquí resalta como indispensables para ser parte de una de las cuadrillas que fueron capacitadas a través del curso de “Técnicas básicas para el combate de incendios forestales” dado por la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), la Dirección de Recursos Naturales (DIRENA) y el Gobierno Autónomo Municipal de Roboré, en el marco del proyecto Ecorregiones Conectadas Conservadas Sostenibles (ECCOS).

Brigada reunida durante el Curso de Formación de Brigadas Locales de Primera Respuesta a Incendios Forestales en el Municipio de Roboré //Foto: FAN

Desde el 2018, habían sido instruidos en cómo reaccionar a este tipo de situaciones, su malla de estudios contemplaba contenidos de manejo de fuego, uso de herramientas, técnicas para el combate de incendios, construcción de líneas de control y liquidación total del fuego. No obstante, no fue hasta el 13 de agosto del año pasado, que la cuadrilla de Quitunuquiña pondría a prueba de fuego esos conocimientos, había llegado el turno de que todos respondan a su deber y combatan las llamas en carne propia.

Al principio de esas tardes de otoño, la mente de Don Alcides se inundaba de las imágenes donde mostraban a personas de distintos lugares luchando contra el fuego. Ya en la realidad, vio cómo el incendio no daba tregua ni entendía de cansancios; luego de ese extenuante primer día, sabía que necesitaban ayuda inmediatamente, así que, para la siguiente jornada fueron acompañados por personas voluntarias de la comunidad.

Cada minuto contaba, la enseñanza se dio a través de la acción de combate, cada hombre capacitado era el profesor de diez inexpertos. En medio de la desesperación, la falta de experiencia de muchos comunarios y las herramientas simples que trajeron consigo los locales, don Alcides no dejaba de instar a su joven cuadrilla que aplique todo lo que habían aprendido y que se sientan seguros de su accionar, mientras que, paralelamente, les explicaban a los aprendices qué hacer con diversas herramientas.

De repente, todos aquellos instrumentos que carecían de utilidad ante los ojos ajenos, cobraron vida en las manos de los que se aventuraron y se dieron cuenta del sentido especial que tenía cada una de las herramientas destinadas para la faena. El matafuego se encargaba de sofocar la llama, el Mcleod actuaba como un azadón y rastrillo, la pulaski servía de hacha y cavador, el rastrillo apartaba las capas espesas de las ramas y la mochila ayudaba a bajar la altura de la llama para proceder a su eliminación total.

Sin embargo, salvo los hombres capacitados, los demás no contaban con la indumentaria ni vestimenta adecuadas y las llamas se negaban a cooperar; avivadas por el viento, saltaban de tramo en tramo para continuar devorando las hojarascas secas que fueron aumentadas por la helada de junio que vivió la zona. En este lapso de tiempo, dieron una llamada desesperada a la alcaldía de Roboré y al equipo que los capacitó para que llegase más ayuda; aunque muchas manos seguían llegando, todavía no abastecían, Quitunuquiña resonaba en los noticieros y diarios porque se estaba quemando.

Después de más de 15 días desde que comenzó la tragedia, los comunarios empezaron a alzar sus ojos hacia el cielo para ver cómo la ayuda aérea esparcía agua por las zonas afectadas, pero, debido a la alta vegetación, el elemento vital solo se quedaba en la copa de los árboles, dejando un gran desafío a las personas que persistían luchando en primera línea con las llamas. La tarea además de física era mental, enfatiza don Alcides, que en muchos casos actuó como el animador de su equipo, “el ser humano crea coraje y enfrenta, aún con pequeñas dudas, él lo intenta, porque está seguro que lo que está haciendo, está bien”, menciona confiado.

El sufrimiento para esta zona duró más de un mes, pero el recuerdo los acompañará por muchos años más. El amor a su tierra, la valentía y el conocimiento adquirido se transformaron en la primera respuesta de Quitunuquiña para resguardar a su gente y sus viviendas de los incendios.

Alcides Poiquí Lesoro, presidente de Quitunuquiña, delegado comunal de manejo del fuego y responsable de la cuadrilla de bomberos en su comunidad.

Aunque don Alcides concluye que no desea que esto le ocurra a ninguna comunidad, reconoce que estar preparados para este tipo de desastres es necesario, lamentando que existen comunidades que, al no haber sentido el calor de las llamas, todavía siguen pensando que el fuego es un cuento. A través de los talleres de este año, él asegura que buscará reforzar sus vivencias y aprendizaje para ser un efecto multiplicador, y así todos en su comunidad sean expertos y salgan a enfrentar cualquier incendio.

Los bomberos comunales y voluntarios de Quitunuquiña fueron distinguidos como HÉROES CHIQUITANOS por el alcalde de Roboré.